La tradición

La mascarilla de tela, alma de la fiesta

Las máscaras de la Fiesta de Mozos de Rus

En Rus no se habla de careta: se habla de mascarilla. Una pieza de tela que cubre el rostro, cosida en casa, a menudo con encajes, bordados o estampados heredados. Es la prenda que enlaza directamente con los mozos que en el siglo XVII se taparon la cara para «espantar a la muerte».

Cómo es una máscara ruseña

Lo esencial es que no se reconozca a quien la lleva: tela ligera para poder respirar y hablar, ajustada con cintas o pañuelo, y a menudo completada con guantes, sombrero y ropa prestada. Muchas familias conservan mascarillas de varias generaciones y las reutilizan cada septiembre.

El ingenio, la crítica y la burla

El anonimato es la licencia. Bajo la máscara se cambia la voz, se recuerda lo que pasó en el pueblo durante el año y se bromea con vecinos, autoridades y actualidad. Junto a las mascarillas tradicionales aparecen disfraces elaborados y cuadrillas con guion propio, que compiten en ocurrencia.

Un Carnaval a contratiempo

El resultado se parece al Carnaval, pero llega en septiembre y nace de una promesa religiosa. Esa mezcla —procesión el domingo, máscara el lunes— es lo que hace de la Fiesta de Mozos algo que no existe en ningún otro pueblo.

Si vienes de fuera, lo mejor es traer tu propia mascarilla: aquí resolvemos las dudas más habituales.

Detalle de una mascarilla de tela bordada, hecha en casa, usada en la Fiesta de Mozos de Rus
Mascarilla de tela: sencilla por fuera, cargada de memoria familiar.
Cuadrilla de mozos enmascarados con disfraces caseros recorriendo Rus durante los tres días de máscaras
Las cuadrillas llenan las calles del casco antiguo durante tres días.